viernes, 24 de abril de 2009

La eternidad - Gonzalo Rojas


Sin tener qué decir, pero profundamente
destrozado, mi espíritu vacío
llora su desventura
de ser un soplo negro para las rosas blancas,
de ser un agujero por donde se destruye
la risa del amor, cuyos dos labios
son la mujer y el hombre.

Me duele verlos fuertes y felices
jurarse un paraíso en el pantano
de la noche terrestre,
extasiados de olerse y acecharse
como los muertos, solos.

"Oh amantes: no durmáis hasta la aurora,
hasta que el sol reemplace vuestra furia
y entre por las cortinas a besaros los ojos.
No durmáis, Juventud, que la Vejez
os espía detrás de la ventana
con su cara invisible".

"No durmáis, proseguid
vuestra lucha, templad
sin cesar vuestras arma seductoras
con el tacto insaciable, con la sed
del primer huracán, a sangre y fuego.
No durmáis. Que el furor
os libre de mis manos asesinas".

"Soy vuestra peste. Soy
el que os sopla al oído la verdad de la tierra,
los designios aciagos:
he perdido mi cuerpo, porque yo soy la voz
de los cuerpos perdidos".

"No durmáis, hasta el sol.
No durmáis, mis hermosos amantes. No escuchéis
las olas del abismo".

Todos me ven y me oyen,
todos me temen, todos los que sufren el tiempo
como una pesadilla indescifrable,
y todos me preguntan quién soy, pero es inútil:
mi máscara es la noche.


de "La miseria del hombre" 1948

miércoles, 22 de abril de 2009

Plurisignificación



"Los poemas son objetos verbales inacabados e inacabables.
No existe lo que se llama "version definitiva" cada poema es el borrador de otro
que nunca escribiremos"


Octavio Paz.

Réquiem

Daré hoy otra ojeada al libro impreso con mi amargura,
en la silla donde espero una risa ya extinta.
“¿Seré como tantos un ramo de flores secas?
¿ O la lucidez me dejará de lado y tomare de
todos los vasos
y de todas las bocas, la dicha?”
No tendrán mejor suerte mis rodillas,
que piden a gritos una tregua,
más bien serán como costras,
una bajo la otra ocultando la carne y mi vergüenza.
Y el demonio parió un hijo de siete cabezas
y de sus labios sellados por la miseria
emergieron mis juicios.
De ellos he aprendido a ser de piedra,
a ganarme el odio del cosmos.
Socorrer a mi cuerpo abandonado.
Con estas páginas manchadas creare mi alma a mi antojo,
para no caer en desgracia, cultivare el rencor.
¡Serás como el ojo del tornado!
Oculto en medio de la ruina correrás impulsada
por ráfagas flagelantes,
te hallarás en el halo de la alegría,
pisarás la sombra de las corrientes irrisorias.
Tome un puñal y lo restregué por mi vientre desnudo
y fluyeron imágenes de mejores épocas.
Cogí una de ellas en mi avaricia para engullirla,
pero aquella pureza no llevará más mi nombre.

Jean Nicolas Arthur Rimbaud



* * * *
«Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se
abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían.
Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. — Y la
hallé amarga. — Y la insulté.
Me armé contra la justicia.
Me escapé. ¡Oh bujas, oh miseria, oh odio! ¡A vosotros se
confió mi tesoro!
Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza
humana. Contra toda alegría, para estrangularla, di el salto sin
ruido del animal feroz.
Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las
culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la
arena, la sangre. La desgracia fue mi dios. Me tendí en el lodo.
Me sequé al aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la
locura.
Y la primavera me trajo la horrorosa risa del idiota.
Habiendo estado hace muy poco a punto de soltar el último
¡cuac!, se me ocurrió buscar la clave del festín antiguo, donde
había tal vez de recobrar el apetito.
La caridad es la clave. — ¡Esta inspiración demuestra que
soñé!
«Seguirás siendo hiena, etc.», exclama el demonio que me
coronó de tan amables adormideras. «Gana la muerte con todos
tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales.»
¡Ah! Ya aguanté demasiado — Pero, querido Satán, te lo
suplico, ¡menos irritación en la pupila! Y mientras llegan las
pequeñas cobardías rezagadas, tú que aprecias en el escritor la
carencia de facultades descriptivas o instructivas, te arranco
unos cuantos asquerosos pliegos de mi cuaderno de condenado.




de "Una temporada en el infierno"