miércoles, 22 de abril de 2009

Réquiem

Daré hoy otra ojeada al libro impreso con mi amargura,
en la silla donde espero una risa ya extinta.
“¿Seré como tantos un ramo de flores secas?
¿ O la lucidez me dejará de lado y tomare de
todos los vasos
y de todas las bocas, la dicha?”
No tendrán mejor suerte mis rodillas,
que piden a gritos una tregua,
más bien serán como costras,
una bajo la otra ocultando la carne y mi vergüenza.
Y el demonio parió un hijo de siete cabezas
y de sus labios sellados por la miseria
emergieron mis juicios.
De ellos he aprendido a ser de piedra,
a ganarme el odio del cosmos.
Socorrer a mi cuerpo abandonado.
Con estas páginas manchadas creare mi alma a mi antojo,
para no caer en desgracia, cultivare el rencor.
¡Serás como el ojo del tornado!
Oculto en medio de la ruina correrás impulsada
por ráfagas flagelantes,
te hallarás en el halo de la alegría,
pisarás la sombra de las corrientes irrisorias.
Tome un puñal y lo restregué por mi vientre desnudo
y fluyeron imágenes de mejores épocas.
Cogí una de ellas en mi avaricia para engullirla,
pero aquella pureza no llevará más mi nombre.

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