domingo, 20 de mayo de 2012



Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.

En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. 

Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.

¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!

Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.

¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?

El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un de una falta de tacto...




Espantapájaros 8, (fragmento)
Oliverio Girondo

sábado, 19 de mayo de 2012

Cada piedra de este parque te conserva


Cuando al final de la mañana se despierten mis sentidos,
te hallaré; en los faroles y en las vitrinas viejas,
las figuras circulares de los jarrones de greda
serán tu cuerpo, cada cisne mudo, 
cada visión simbólica robará un fragmento de tu rostro,
serás aquel fantasma de la niña muerta
que aparece tras las cortinas,
tras las máscaras de los festivales antiguos: 
Que también te conservan.

Tantos recuerdos correrán con un solo rostro, 
como las piedras que transitan por las siembras de tu huerto,
tomando calmados su rumbo al vacío pues de él 
son hijos prematuros.

El reflejo de la noche, que se deshace a la distancia,
como las imágenes diseminadas de un espejo roto;
entra en el sentir enajenado aun cuando todo parece vacío,
abriga al mundo, deshace los granos de trigo con paciencia. 

En un período anterior a la erosión
de las piedras –yaciendo en el suelo,
sin nombre- le sonreirás al viento 
y a la brisa que venía a levantarte la falda.

¡Y la piedra volverá a su lugar de origen!
 Tocará nuestra puerta bajo la tierra.

En este pueblo, cantan las aves sobre los viejos tejados
y sus alas comprimen perfectamente el aire en su vientre,
tal lo hiciéramos en las tardes;
recogiendo semillas entre los columpios,
forjando una sonrisa bajo nuestro techo,
tocaremos la espalda del futuro en un gesto repentino,
de gratitud y nostalgia
y así murmurar un -Te amo- al mirar un punto fijo en el cielo,
que no es más que el inicio del tiempo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Ella partió



Ella partió, sin decir quizás,
otro la espera tras las luces del centro
y es tan real como el peor 
de mis sueños.

Tan lejana me parece ya,
que no logro ver su rostro de mañana
y  no puedo tocarla aunque
tenga sus manos extendidas.

Ella partió, pero sigue aquí,
y me besa por las noches,
y me seca las lágrimas,
pero no es fantasma, ni espíritu,
es solo una imagen
en mi pupila la que me visita
de madrugada.

Ella partió y no se acuerda, 
de tantas palabras gastadas en papel
con su nombre,
y yo solo puedo decir gracias,
solo puedo decir no es justo o me lleno
de silencio,
que es donde mejor me encuentro.

Ella partió sin dejar rastro
y mi humilde corazón aun la busca
y se me olvida que el tiempo pasa
y que no hay más vida después de esta,
pero ella ha partido ya, y yo, 
yo me he quedado solo.

 Gracias a Juan Rebolledo quien me mostró este documental hace algunos años, ahora lo encontré en HD, "como cambia el mundo", pero para bien o para mal, no de igual forma para todos. Impresionantes imágenes, de una realidad casi desconocida para el mundo occidental, una fotografía en cada segundo de "docu" de casi 1:38 min. Disfrútalo, súfrelo y por sobre todo créelo,que así es el planeta donde vivimos.

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Qué queda de los otros?



Cuando recordamos a los hermanos,
a los taciturnos forajidos,
Cuando recordamos a nuestros padres,
los que parecieron ser nuestro retrato cuando niños
No queremos olvidar las mañanas deambulando en la calle,
solos o con amigos,
ni tampoco a los hijos de nuestras manos,
con sus rodillas y sus vestidos.

Pero ¿qué queda de los otros? de los antiguos,
¿qué pasó con los padres de los rostros caídos?
lo que fue de sus preguntas y de sus pies heridos,
lo que cayó sobre sus hombros
como la fiebre, el hambre o el frío.
No quedó más que el desconcierto de esos hombres
ante todo lo sabido,  como las respuestas tragamos
sobre la tierra y lo desconocido.

No he llamado a la tarde por su nombre,
la verdad es que no quiero asumir nada por recelo.
Todo niño se preguntará una noche de qué está hecho el cielo,
aunque la respuesta brote día a día
de la frente sudorosa del supuesto ingenuo.

Puede que nuestros abuelos sean como niños frente al tiempo,
Puede que nuestros ojos  envejezcan como ellos.

No volveremos a mirar los ojos de nuestros ancestros.
Pese a esto, los visitamos en sus modestas casas en el cementerio,
parece que los buscamos en los cielos
como flechas lanzadas por un ciego,
pero solo queda decir que las flores y los helechos
guardan cada segundo de ellos en su cuerpo

Aún miramos al cielo como diciendo
¿Dónde estarán todos quienes se han ido tan lejos?
pero no hay sonido ni murmullo más sincero,
que el de las hojas movidas suavemente por el viento,
ni remedio tan simple como hablarle a las piedras en el suelo,
para darnos cuenta que somos y estamos hechos de lo mismo
que todo el resto.

Donde sino aquí,
están los padres y los abuelos,
donde sino aquí,
los tiempos pasados y los venideros,
donde sino en los bosques, en los sauces, en los cerros,
donde más, sino en  los brotes, de este pequeño jardín
que envejece en silencio.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Trenes del absurdo (23:08:03 hrs.)















Sobre un tren de pasajeros una mujer en su asiento a 40 kilómetros de la próxima estación. Su destino; hacia el sudeste en comparación con algún punto inútil de referencia, hacia las líneas dibujadas por el tiempo que viajan como los trenes, a través de las celdas circulares que determinan la vida y la muerte, tras una lágrima descendente, a dos horas de su paradero, en un asiento de cuero parchado y sobre un eje invisible. La historia de una mujer y sus manos temblando, a una velocidad reducida por el viento, cinematográficamente tierna, pictóricamente solitaria, pensativa. Una muchacha frente a una carta y frente a sí misma, por un segundo, como el recuerdo de un pasaje incompleto en un libro viejo que se perdió para siempre.