
Corremos a escondernos.
No queda más que el vaso de vino
y el cenicero en la mesa de centro.
Los olvidados restos
del festejo.
Los viejos bailaron cueca
con servilletas,
se tomaron una caña al seco,
deshojaron sus recuerdos
de cuando corrían
descalzos como nosotros
pensemos en un lugar oscuro,
logremos engañar al día que se inicia,
sin olvidar ver el sol de reojo,
detrás de la puerta
que da al patio.
Hundamos las manos en el barro
o dejemos manchadas nuestras camisas,
antes que alguien regrese,
antes que las flores se marchiten
con las horas.
Correr y escondernos.
Quedarnos en el sueño.
Sin otro motivo que el de lograr
Sin otro motivo que el de lograr
desaparecer entre la multitud
despreocupada del juego
que nos delata y nos convida al mañana,
aunque pretendamos desligarnos
de los días que pasan
sobre nosotros.
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