jueves, 13 de junio de 2013

Compañera


Cuando logres encontrar
en algunos brazos la templanza,
ven a saludarme al viejo edificio del centro,
donde me imagino día tras día,
como una piedra movida por una leve brisa de otoño.

Vuelve, sin antes despedirte del vestido de fiesta
y de la guitarra de palo,
con la alegría que te hizo ser mía y de tantos otros,
vuelve sin decir adiós, ni hasta pronto.

No te molestes en llorar una gota,
porque tu alegría siempre se vistió de amargura,
no te quedes parada esperando un gesto triste,
ni mires de reojo la vieja imagen colgada de sueños.

Ni bebas de tu copa, el vino que ha sido añejado tantos años,
porque el tiempo no pasa
solamente para mirar funcionar los relojes
y uno a uno los segundos transcurren
como un cuentagotas de momentos que no volverán
 a repetirse jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario