lunes, 18 de abril de 2016

Rostros que fuimos

La primera voz que realmente escuchamos es la nuestra, 
en un eco que impulsa todo hacia el futuro inevitablemente,

Nada de esto podrá ser escrito, sin haber sido de piedra,
ni podría ser leído pegado en anuarios o en alguna pared de facultad,
la cicatriz es oro en los jarrones rotos.

hay palabras que pese a su belleza no serán escritas en este momento,
aquellas imágenes serán mi verdadera poesía de ahora en adelante, mi rehacer:
Nunca antes he estado tan cerca de cualquier lugar

Como la piel de las serpientes, cambiaremos de caminos  constantemente,
alimentados por un instinto agresivo de ser un cristo,
un cristo con tantos defectos como solo la divinidad se presenta,

y nuevamente cae el peso de la cruz en nuestros hombros
es aquí donde la literatura se equivoca, la tragedia no es inevitable, todo ha sido
creado sin motivo aparente, nuestras reglas son inaplicables.

Podré gritar libremente que esta casa me ha recordado, pese a tantos olvidos involuntarios,
a tantos encuentros persistentes con mi memoria,
Pareciera ser que mi ingenuidad es infinita y que una parte de mi cuerpo
está brillando, pero nadie puede verse sino a sí mismos.

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