Sobre un tren de pasajeros una mujer en su asiento
a 40 kilómetros
de la próxima estación. Su destino; hacia el sudeste en comparación con algún
punto inútil de referencia, hacia las líneas dibujadas por el tiempo que viajan
como los trenes, a través de las celdas circulares que determinan la vida y la
muerte, tras una lágrima descendente, a dos horas de su paradero, en un asiento
de cuero parchado y sobre un eje invisible. La historia de una mujer y sus
manos temblando, a una velocidad reducida por el viento, cinematográficamente
tierna, pictóricamente solitaria, pensativa. Una muchacha frente a una carta y
frente a sí misma, por un segundo, como el recuerdo de un pasaje incompleto en
un libro viejo que se perdió para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario